
Quién, siendo militante de un organización política, no conoce a alguien que hayan echado de un partido político?
Son diversos los casos de militantes que por ejercer derechos, recogidos en los Estatutos de su partido, son castigados por su posición política. Los castigos van desde el veto hasta la expulsión del partido.
Los mecanismos establecidos, pese a reconocer estatutariamente el derecho del militante a controlar a sus elegidos, no permiten dicho control. Es más, el control político se ejerce de la cúspide a la militancia de base. De arriba a abajo. Para esto se requieren unos caciques de turno -entiéndase cacique como persona que ejerce un poder o/e influencia excesiva/abusiva en asuntos políticos, en un ámbito determinado- situados en la mitad de la pirámide. El militante de base que entró en política para aportar, y pensó que discrepar o pensar diferente no era nada malo, se resigna. Acepta el veto/expulsión y todo sigue igual. La Militancia de base sigue sin incidir, los caciques siguen ejerciendo su poder, el partido sigue distando ser democrático…
AQUÍ y AQUÍ pueden ver un caso práctico de lo comentado. Se disuelve la federación, se convoca una asamblea constituyente, se expulsa/excluye a los “indisciplinados” y ¿se aprueba por unanimidad una nueva ejecutiva? ¡Toma unidad! y ¡toma democracia!
Publicat per marquezcervantes